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Los animales domésticos y los niños y jóvenes: relación sana y oportunidad educativa.

¿Qué ventajas tiene que los niños y jóvenes tengan animales domésticos? En el “Ofici d’Educar”, de Catalunya Ràdio, desgranamos esta pregunta con Elisabet Pedrosa, conduciendo el programa, y ​​el veterinario y estudioso del comportamiento Jaume Fatjó.

La principal ventaja de los animales domésticos, especialmente los mamíferos, un perro, un gato, un caballo, es que nos ofrecen el amor incondicional que ninguna persona nos ofrecerá nunca. Para los hijos, el amor incondicional de los padres es fundamental para su desarrollo emocional y neurológico. Pero los padres y madres somos imperfectos, a veces no estamos disponibles para los hijos, no nos sentimos bien o ponemos condiciones a nuestro amor y reconocimiento: “Ya has hecho los deberes?”, “Has ordenado la habitación?”, “Y no podrías haber sacado mejores notas?”, “¡Podrías haberte esforzado más!”. Estas son las frases que ningún animal de compañía le dirá. Por eso los animales domésticos pueden ofrecer a los niños y jóvenes una relación sana, un vínculo claro, un reconocimiento incondicional y una sensación de seguridad.

Cuando un animal da reconocimiento, su mensaje es claro, o es positivo, o negativo. Si el niño hace daño al animal y éste se le queja, será claramente un mensaje negativo comprensible para el niño. Los mensajes de afecto del animal también serán comprensibles y claros para un niño, y aunque sea muy pequeño, captará que es un mensaje positivo. Con esta base comunicativa tan simple, es suficiente para establecer una relación sana.

En cambio, los humanos a veces establecemos relaciones insanas, en las cuales la comunicación puede contener mensajes positivos y negativos mezclados: una persona puede mentir, algo que no pueden hacer los animales, por ejemplo. Con las palabras, las personas podemos decir una cosa y hacer la contraria: “lo hago por tu bien”, mientras la comunicación no verbal puede ser un desprecio, una paliza, o un abuso sexual, incluso. Un niño puede acabar creyendo, de niño, que “Quien bien te quiere, te hará llorar”, esta es la enfermedad. Después, de mayor, la persona buscará, o se encontrará y no huirá de ellas, otras relaciones enfermizas en las que sufra y llore. Tener animales en casa que ofrezcan un vínculo sano, es un paso para saber que las relaciones pueden ser sanas y que alguien, aunque sea el perro, te puede querer y no hacerte llorar.

Tener animales domésticos en casa también es una oportunidad educativa, cuando hay niños o jóvenes. Nos permite hablar sobre las relaciones y sobre las emociones. Nos permite poder poner nombre a los sentimientos: “ahora se ha enfadado”, “ahora está triste”, “mira qué contento se pone cuando llegas”, “no le toques ahora, que tiene miedo”. Esta oportunidad sólo la podemos aprovechar si hay en casa algún adulto que educa, que pone palabras, que reconoce las emociones y no las critica, que ayuda al niño a reconocer los sentimientos y gestionarlos. También tener animales sirve para responsabilizar a los hijos, pero sólo si los adultos saben transmitir la responsabilidad, en el programa de radio lo cuento.

Y si al final el animal muere, nos confronta con la realidad de la vida: todos tenemos que morir, unos antes y otros después. Podemos acompañar a los hijos en esta realidad, ayudarles a aceptar la tristeza que sentimos, a permitir el llanto y el dolor y comprobar cómo, pasado un tiempo, ya volvemos a estar disponibles para otro nuevo vínculo.

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