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Apoyo emocional postconfinamiento: 7 ideas para hablar a los ninos y niñas

Apoyo emocional postconfinamiento: 7 ideas para hablar a los ninos y niñas

La vida con el COVID19

Veo los niños y niñas felices por las calles y plazas; muchos de ellos dicen que no quieren volver a la escuela; algunos padres y madres de hijos pequeños han descubierto que los hijos no necesitan ir a la escuela. Hemos vivido una sensación colectiva de peligro como nadie recordaba. Aun así, los niños y niñas han pasado seis semanas sin salir de casa, algunos en pisos pequeños, y sorprendentemente se les ve bien. Durante semanas, he asistido a las 8 de cada anochecer, al entusiasmo de los aplausos de unos vecinitos del balcón de la acera de enfrente y me enviaban unos besos que enamoraban. Aparentemente, niños y adolescentes están bien. Alguna chiquillería volverá a la escuela por junio, después de 2 meses y medio sin ir. ¿Qué se encontrarán? ¿Y qué encontrarán los profesionales que los atiendan?

Será necesario mucho apoyo emocional. Serán muy necesarios los conocimientos en educación emocional. Algunos de los niños y adolescentes que vuelvan en junio, o en septiembre, a los colegios han sufrido situaciones muy traumáticas, que no sé si, entre los servicios educativos y los servicios sociales, habrán podido detectar. Estar tantas semanas encerrados con los adultos, sin pausa ni escapatoria posible, puede haber tenido efectos muy positivos cuando los adultos han estado suficientemente equilibrados; muchas relaciones familiares me consta que han mejorado. Pero puede haber sido un calvario, si los adultos sufrían desequilibrios mentales o si en el hogar había violencia, adicciones, maltrato infantil o abusos.

Sin ponernos en los casos peores, el estado emocional de muchos adultos ha sido extremo, de miedo por la vida, viendo programas de televisión terroríficos. En muchos hogares, la economía está siendo un sufrimiento, hay personas con pequeñas empresas que lo han perdido todo; hay personas que han perdido el trabajo; hay familias que están con la amenaza de perder la vivienda, en medio de la incertidumbre de la crisis económica que se anuncia. En muchas familias se ha sufrido una enfermedad desconocida, con uno o dos adultos confinados y con aislamiento social dentro de casa. En muchas familias se ha muerto alguien próximo, a causa del COVID19, o no, y no se le ha podido despedir, con los lutos traumáticos que esto comportará en los próximos años.

 

Superar el trauma

A pesar de la gran capacidad de resiliencia del ser humano, esta situación habrá creado un trauma emocional en muchas personas; y quienes tiene menos recursos personales para superarlo son niños y adolescentes. En los próximos meses, la escuela se encontrará con la necesidad de apoyo emocional de muchos alumnos que tendrán que superar el trauma para poder recuperar el bienestar y el rendimiento académico. Y a menudo pasa que quienes necesitan más ayuda no es quien la pide, ni quien lleva el trauma de manera más visible, sino aquellos alumnos silenciosos y que pasan desapercibidos.

Confío que como sociedad no dejaremos el peso de todo este apoyo emocional a la infancia y adolescencia en manos de la escuela, que ya tiene mucha presión para asegurar los contenidos del currículum como si nada hubiera pasado. Confío en la ayuda de los servicios sociales y de salud mental. Y confío que como adultos, todos acompañaremos a esta generación que sube marcada, para que el trauma deje las mínimas secuelas posibles.

 

Los efectos del trauma

Los próximos meses y años veremos los efectos del trauma, sobretodo, en nuestra gente joven. Bessel van der Kolk, fundador y director del Trauma Center de Brooklin, ha estudiado en profundidad los efectos profundos del trauma en la cognición, en la regulación de la vida afectiva, en el desarrollo de la personalidad y en las interacciones con los demás (podéis leer en castellano “El cuerpo lleva la cuenta” (2015)). Ya hemos empezado a ver estos síntomas cerca: la persona traumatizada vive una realidad paralela en la cual no importa qué pasó en realidad; el mundo de la persona se empequeñece; queda inmovilizada, incapacitada para resolver situaciones que antes habría resuelto sin problema; se siente mala, inapropiada, que es un peligro para los demás. Ya nos encontramos con adolescentes que tienen miedo de salir de casa, y que hacen regresiones a comportamientos más infantiles.

 

El tratamiento del trauma

Muchos profesionales expertos podrán colaborar en esta situación. Deseo que recurramos a ellos más que a los fármacos, que sabemos que han tenido en otras situaciones traumáticas una efectividad dudosa. Hace años, cuando van der Kolk estudió cómo los afectados del atentado de las Torres Gemelas habían superado el trauma, ellos decían que les habían sido útiles, por este orden: la acupuntura, los masajes, el yoga, el EMDR, la terapia sistémica, la meditación y otras. No está en manos de cualquier persona aplicar estas técnicas; pero muchos adultos en contacto con niños y jóvenes podremos ofrecerles conversaciones donde puedan hablar en un entorno protegido sobre lo que ha pasado.

 

Como hablar con los niños y niñas sobre el COVID19

Desde la educación social, la psicopedagogía, la escuela, la educación en el ocio y desde los ámbitos terapéuticos y de coaching, un gran colectivo de personas tendremos la oportunidad de tener conversaciones reparadoras de apoyo emocional con niños y adolescentes. Qué podemos tener en cuenta para estas conversaciones?

1. HABLAR DE TODO. Los niños, a partir de los dos años, ya pueden hablar de todo, porque se han dado cuenta de muchas más cosas de las que nos pensamos. Habrán captado las cosas complicadas, las crisis de pareja, las agresiones, los problemas económicos, el peligro de muerte, aunque no sepan poner palabras. Hablar con una persona adulta neutral, que no juzga, será de gran ayuda.

2. PERMITIR QUE LOS NIÑOS LLOREN. Después del 11M, equipos de apoyo psicológico fueron a las escuelas a ayudar a los niños que habían sufrido el trauma de la explosión o la muerte de familiares muy próximos. En una entrevista, los profesionales que les atendieron decían que básicamente lo que habían hecho había sido permitirles llorar. Muchas criaturas no habían llorado en casa por no preocupar al padre o a la madre, o a los abuelos; sí, los niños hacían de tripas corazón para que los adultos no se desmontaran. Lo que ellos necesitaban era simplemente un entorno donde poder ser vulnerables.

3. ESCUCHARLOS. Evitemos decir algo como: “¿Cómo estás? ¿Ha ido todo bien, verdad?” Hay que hacer preguntas abiertas: “¿Cómo estás?” “¿Cómo lo has pasado?” “¿Qué te ha impresionado más?” “¿Qué sorpresas has tenido?” Y después no decir nada, simplemente escuchar, sin juicio, sin querer calmar. Más del 50% de la comunicación de calidad es la calidad de la escucha. La comunicación es más escuchar que hablar.

4. HABLAR CON EL VOCABULARIO BÁSICO. Para llegar a la parte vulnerable de los niños hay que usar palabras llanas: enfermedad, muerte, pegar, tocar, comer, dormir, llorar. No hacen falta eufemismos ni complicaciones.

5. PERMITIR TODAS LAS EMOCIONES. No hay ninguna incorrecta, todas son auténticas. Permitirlas ya ayuda a desculpabilizar. Los niños tienen tendencia a creer que las desgracias pasan por su culpa, porque no se han portado bien. Es un pensamiento mágico. Toda la educación emocional que se haya podido hacer antes, servirá para poder poner nombre a las emociones: “¿Estás enfadada?” “¿Tienes miedo?” “Veo que te preocupa” “¿Quién te ha hecho daño?” “¿Estabas nervioso?”


6. HABLAR DE LOS MUERTOS Y DE LA MUERTE. El gran tema tabú de nuestra sociedad, ahora ha saltado a las portadas de los noticieros. ¿Qué saben los niños? ¿Qué creen? En algunas familias se ha hablado del tema a nivel infantil. En otras, en cambio, se ha pensado que los hijos no entendían nada y sin explicarles nada se ha hablado del tema ante los niños. Sea lo que  sea que la familia crea, está bien. No hace falta que todo el grupo llegue el consenso de qué es verdad. Nadie la poseemos. ¿Dónde están los muertos? ¿En el cielo? ¿En casa? ¿En el corazón? ¿Los volveremos a ver? Las criaturas se hacen todas estas preguntas desde muy pequeñas y necesitan ayuda para explorar sin miedo las respuestas. Todas las creencias son buenas, si nos permiten quedarnos en la vida y no querer morirnos, es el único criterio que hay que tener en cuenta.

7. TRANSMITIR CONFIANZA. El mensaje principal de confianza es que el mundo es un lugar seguro donde hay buena gente. Decir: “todo irá bien” puede haber servido durante la crisis, pero tiene una eficacia limitada, se basa en una percepción de futuro que los más pequeños no tienen. Para generar confianza se necesita la certeza del presente: ofrecer un vínculo seguro, es decir, afecto incondicional y decir frases tranquilizadoras, pero realistas. Por ejemplo, las cosas que costaron y se pudieron pasar, las ayudas reales que ha habido, las personas amorosas que viven a alrededor de los niños, los gestos reales de afecto que han recibido, los pequeños éxitos que han tenido ellos, sus padres y familiares, la evidencia de que han ido al médico y los ha curado, cosas pequeñas y claras.

 

Con estas 7 ideas, espero haber puesto un granito de arena para que puedas ser un faro de luz en la oscuridad y transmitir a tu entorno cercano serenidad y confianza, sobretodo, a nuestros pequeños herederos.

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