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Com conversar amb el públic. Marta Albaladejo Coaching y comunicacio

Cómo conversar con el público

Muchas personas creen que no tienen talento para hablar en público. Cuando me lo dicen, les pregunto: «¿Cuántas horas has hablado en público en tu vida?» Muchas veces han hablado menos de una hora, un día presentaron un trabajo durante 15 minutos, dos o tres veces se han tenido que presentar ante un grupo en un par de minutos, y poco más. Esto no es que no tengan el don de hablar en público, sino que no tienen la práctica.

Hablar de una persona a muchas, o a un grupo, es una manera de hablar diferente de cuando tenemos conversaciones entre dos o más personas. Diferente, quiero decir que tiene sus propias reglas, que es una habilidad diferente, que si no se aprende, pues es como todo, no se sabe.

Para aprender a tener conversaciones, los bebés pasan muchísimas horas de entrenamiento en conversación, desde pequeños. Desde que nacen, las personas que les hablan utilizan un estilo de conversación, el baby talk, que tiene una entonación especial, una simplificación de los temas y una exageración de los turnos de habla y de las pausas, para que el bebé vaya aprendiendo cuando hablar: «¿qué hace mi nene?» (pausa) «¿de qué te ríes, tú? «(pausa) «¡muy bien! ¡Mamá! ¡Has dicho mamá!» (Pausa). De este modo, a lo largo de muchas horas y durante muchos años, hemos ido aprendiendo inconscientemente las reglas de la conversación: qué es una pregunta, o qué es una orden; cuando hay que tomar la palabra y cuando debemos esperar a que el otro termine; cuáles son las fórmulas de cortesía adecuadas; cuando está mejor hablar de tú o de usted, etc.

En las conversaciones cotidianas, la gestión de la comunicación depende de todas las personas que participan, entre todas se decide de qué se habla, cuánto tiempo se dedica a cada tema, cuánto tiempo participa cada uno, cuánto tiempo dura la conversación, cómo empezarla y cómo terminarla. Todo esto, que cuando aprendemos una lengua extranjera es tan complicado, en nuestra lengua materna lo aprendimos inconscientemente. Los primeros analistas de la conversación se dieron cuenta de que bajo el caos aparente que representaban las tertulias o las comidas familiares, se mantenían unas reglas muy regulares y organizadas.

No es el caso de cuando hablamos en público. Para hablar ante un grupo de personas, hay también unas reglas: cómo empezar, como hay que acabar, qué estructura deben seguir los temas, como se hilvanan unos temas con los otros, cómo deben ser los ejemplos, qué longitud debe tener el discurso, cómo distribuir el tiempo entre los diferentes temas, dónde hay que poner más énfasis en la emoción y dónde hay que ser más racional. La diferencia con la conversación es que deducir estas reglas intuitivamente e inconsciente, como cuando aprendimos a conversar, requeriría miles y miles de horas de práctica.

La retórica clásica nació para formar los oradores (en aquella época no había oradoras, ni abogadas) que intervenían en los juicios. Estudiando oratoria, los abogados de las polis griegas aprendían cómo hablar para convencer; si seguían las reglas de la oratoria, eran mejores juristas y ganaban más juicios. Aquellas reglas continúan vigentes, y las personas que se dedican a la política también las usan ahora para elaborar discursos y ganar elecciones. Estudiar las normas y los pequeños trucos de cómo preparar, recordar y actuar un discurso, permite ahorrar muchas horas de práctica.

El truco principal para hablar en público y hacer discursos persuasivos, es organizar el comienzo, los temas y el final del discurso de manera que las personas que la escuchan tengan la sensación de que quien habla está hablando con cada una de ellas. Es decir, para hablar en público bien, es necesario que parezca que estamos conversando con quien nos escucha. Hay que imitar artificialmente los recursos de la conversación. Hablar como si fuera una conversación, sin que lo sea. Cuando lo conseguimos, el discurso es ameno y las personas que lo escuchan se sienten atraídas po él. Cuando no conseguimos este efecto, parece que estemos leyendo o recitando un texto, el resultado es aburrido y no logra seducir.

Seducir con la palabra tiene sus pequeños trucos. Las personas que parecen tener este don innato, o bien han estudiado cómo conseguirlo, o bien han practicado muchísimas horas. Y si han practicado tantas horas sin conocer las reglas del juego, es porque son personas extrovertidas que les gusta ser el centro de atención y desde pequeñas han dedicado energía a saber cómo hacerlo. Pero las personas más introvertidas, o con menos afán de protagonismo, pueden aprender a hacer discursos muy persuasivos y eficaces, si se lo proponen y hacen un entrenamiento adecuado.

Este próximo Enero comienzo una nueva edición del curso: Seducir con la palabra. Cómo hacer presentaciones persuasivas . Es un placer colaborar en este curso de la Escola d’Escriptura del Ateneu Barcelonès. Y es un placer, desde hace 25 años, haber ayudado a tantas personas a preparar presentaciones eficaces.

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