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Competències emocionals: com l’educació i el coaching les reforcen

Competencias emocionales: como la educación y el coaching las refuerzan

Cuando una persona me pide ayuda profesional, en el despacho, o por teléfono o videoconferencia, quiere conseguir algún resultado que no tiene: mejorar su relación con el hijo, con la madre, lograr buenos resultados académicos, aprobar unas oposiciones, cambiar de trabajo, reorientar su empresa, sentir seguridad, seguir una dieta, etc. Con un proceso de coaching aprende a mantenerse en el esfuerzo útil y huir de los esfuerzos inútiles. El coaching es un entrenamiento de nuestras competencias emocionales. Hacemos un entrenamiento (coaching) cuando queremos aumentar nuestra capacidad de producir los resultados deseados. El coaching es un entrenamiento de nuestras competencias emocionales.

 

Dicho de otro modo, con el coaching, la persona se hace más competente emocionalmente, refuerza competencias como: aplazar la gratificación, tolerar la frustración, confiar en los propios recursos y en los de los demás, aprender de los errores pasados ​​o ponerse límites a sí misma. En realidad el coaching consigue con un método estructurado lo que muchas personas que educan consiguen intuitivamente con los niños y adolescentes con quienes tratan.

 

Acompañar las emociones de niños y jóvenes

 

Las personas que educan, porque es su profesión, o porque son padres, madres, abuelos abuelas, tías o lo que sea, ayudan a mejorar emocionalmente a niños y jóvenes. Y ¿como lo hacen? Ayudándoles a hacer lo que luego ya podrán hacer solos. (La «zona de desarrollo próximo», a que se refería Vigotsky). Así, educar es, entre otras cosas, acompañar a conseguir resultados. Supongamos que una niña tiene deberes y no los hace; educar no es decirle: «va, haz los deberes», «si no haces los deberes no verás la tele», «mira tu hermana, ya tiene los deberes hechos y tú todavía estás así», «haz los deberes, que tienes que ser responsable», «va, ya te hago los deberes yo, que si no cenaremos «, o cosas así. Entrenar las competencias emocionales de la niña es comprender cómo se siente, que le cuesta, que se frustra cuando se equivoca o no va suficientemente deprisa, sentarse a su lado y transmitirle que lo puede hacer, que puede ir poco a poco, que puede hacer un trozo ahora y otro después, que puede equivocarse, que no pasa nada, que al final lo tendrá hecho. Parece difícil, ¿no?

 

No es tan difícil, sí requiere cierta técnica, pero sobre todo, requiere una actitud, la actitud de liderazgo emocional. La capacidad de atraer a la niña desde la emoción de desánimo y frustración que siente, hasta una alegría que le generará confianza, la confianza en que lo conseguirá, en que lo sabrá hacer, y en que para lo que no sepa hacer, encontrará la ayuda necesaria.

 

Los líderes emocionales y la comunicación no verbal

 

David Goleman, cuando habla de los líderes emocionales, dice que son como imanes, que atraen hacia las emociones que permiten conseguir objetivos. Y para educar necesitamos ser líderes emocionales. Pero ¿cómo se consigue esta actitud de liderazgo emocional que genera confianza? Pues fácil y difícil a la vez, sintiendo alegría y confianza y transmitiéndola con la comunicación no verbal.

 

La comunicación no verbal es la clave, y tiene sus propios caminos. Siempre estamos comunicando no verbalmente, aunque estemos en silencio. A menudo no nos damos cuenta de qué estamos transmitiendo con nuestra cara, con la posición del cuerpo, con el tono de nuestra voz, y estos elementos constituyen más del 90% de la comunicación.

 

Cuando tratamos con niños y adolescentes, somos transparentes, nuestras palabras pueden decir: «Todo irá bien», como se dice en estos tiempos difíciles de confinamiento, (con la amenaza del Covid-19, que provoca la muerte de muchas personas, y la incertidumbre económica). Pero si sentimos angustia, si estamos crispados y nos domina el miedo, se nos nota, y estamos anulando las palabras supuestamente tranquilizadoras. Y aún más, los más pequeños notan más nuestras emociones, que los mayores, y son más impresionables. El mensaje no verbal, que es muy inconsciente, desgraciadamente se impone al verbal, que es más consciente. Por eso pedagogos expertos como Van Manen hablan de desarrollar el «tacto pedagógico«.

 

El contagio de las emociones

 

Las personas educadoras pueden transmitir confianza a los más pequeños para que vayan desarrollando más tolerancia a la frustración, más capacidad de retrasar la gratificación, etc. Y en estos momentos más que nunca, los padres y madres, que están recuperando, por la fuerza de las circunstancias, su rol educador, pueden hacer esta valiosa tarea educativa. Es una tarea que se hace casi sola, sin decir nada en especial, siendo un ejemplo de actitud, sintiendo confianza, estando presente, compartiendo las tareas, acompañando a los jóvenes en sus retos y permitiéndoles que participen de los retos de los adultos. La comunicación no verbal hará el resto. Las emociones se contagian como los virus, qué emoción estamos contagiando en cada momento?

 

 

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