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Día Mundial de la Prevención del Suicidio - Marta Albadalejo

Día Mundial de la Prevención del Suicidio

Participo en la Jornada “Escuchar, atender y comprender” organizada por la Asociación para la Prevención del Suicidio y la Atención al Superviviente (APSAS).

En la mesa de autores, con Xavier Alcover, contestamos algunas preguntas, como: ¿ Qué efecto pueden hacer vuestros libros sobre una persona que esté pensando en suicidarse?
La verdad, la pregunta da qué pensar. Sobre mi libro, “Cartes a la mare”, yo no lo escribí pensando en personas que estén considerando suicidarse, normalmente no pensamos en este número reducido de personas, pero las hay. ¿Realmente es un grupo reducido?

Sobretodo en la adolescencia, son bastantes los jóvenes que, ante las dificultades de encontrar un lugar en la sociedad, piensan en la muerte como solución. Es probable que quien lo piense a los 15 años ya lo haya pensado mucho antes, a los 7, a los 10, cuando decidió su guión de vida: “quién voy a ser y qué voy a hacer”.

Los niños y niñas suelen tomar decisiones tempranas que van a dar resultados en sus vidas; aunque las decisiones acaben cayendo en las profundidades de lo inconsciente, cuando son adolescentes su comportamiento les acerca a los guiones decididos. Mientras las decisiones infantiles sean del tipo: “voy a trabajar en la SEAT como mi padre”, “Voy a tener 2 hijos”, “Viviré en el campo”, etc., esos planes de futuro ayudan a minimizar la ansiedad ante la incertidumbre de la vida. Cuantas más opciones ofrece la sociedad, los jóvenes son más libres y tienen más ansiedad. Así que muchas decisiones de guión, aunque no se cumplan, son como un tranquilizante. Pero hay niños que ven el futuro negro, inalcanzable, duro; ante un futuro así, buscan una salida extraordinaria. Una de las salidas, que puede llegar a ser romántica, es la muerte: un suicidio explícito, un accidente, incluso la gloria de morir haciendo la yihad. Un pensamiento así puede estar dentro de alguien y que no se manifieste nunca, es como un plan B, por si el plan A socialmente aceptado no funciona.

Leer “Cartes a la mare” puede ayudar a alguien con pensamientos suicidas a imaginarse al otro lado de la muerte, después de haber hecho algo que no tiene marcha atrás y que le separa de sus seres más queridos para siempre. Esta perspectiva de arrepentimiento sin reparación posible podría empujar a alguien a quedarse en la vida, a pedir ayuda para poder vivir con menos sufrimiento. Solamente que sirviera a una persona para redecidir su guión de muerte y substituirlo por un guión de vida, ya valdría la pena el trabajo de escribir el libro. De todos modos, no es probable que alguien con ideaciones suicidas se ponga sin más a leer mi libro.

Es más fácil que lean “Cartes a la mare” muchas madres, muchos padres, también profesionales de la educación, los servicios sociales y la sanidad, que encuentren en el libro claves para minimizar la desesperación de niños y adolescentes:
– hablar de lo que sucede, aunque sea un conflicto difícil;
– comunicarse sobre lo que sucedió, aunque haya pasado mucho tiempo, si pudo causar resentimiento;
– reconocer-le todo lo que tiene de bueno y lo que hace bien;
– expresar el amor, no basta con que exista, hay que decir: “te quiero».

 

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