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El diàleg del cervell

El diálogo del cerebro

Cuando tenemos la sensación de que nuestra vida no nos satisface, podemos hacer algo, podemos entrenar, hacernos Self Coaching. Algunas emociones nos alertan de que las cosas no van bien y nuestro pensamiento se hace un lío. No controlamos las emociones, esta es la cruda realidad. Pero sí podemos dominar nuestros pensamientos, con el entrenamiento adecuado.

 

La idea de que las emociones son unos caballos desbocados que con una buena doma se amansan, es una fantasía del pasado. La neurociencia cognitiva estudia nuestro sistema nervioso. El sistema nervioso es una máquina de procesar información: la que llega del medio externo, y la que llega del medio interno, de las «percepciones» vegetativas de dentro del cuerpo. Esta máquina tan compleja tiene la función principal de garantizarnos la supervivencia.

 

Nuestra máquina cerebral tiene dos tipos de procesamiento, el sistema cognitivo y el sistema límbico. El sistema límbico hace un procesamiento emocional, rápido, inconsciente y simple, funciona como los procesos mentales «primarios», que Freud ya describió. El sistema cognitivo es racional, lento, consciente y complejo, sería el encargado de los procesos mentales «secundarios» mencionados por Freud. La idea de Freud, fruto de su época, era que el buen funcionamiento mental, el que se tenía que conseguir, era el racional, el «secundario», como si el funcionamiento «primario» tuviera que desaparecer. Aun ahora decimos a veces que hay que actuar con la cabeza y no dejarse llevar por el corazón. Algunas personas me piden hacer coaching porque no quieren sentir lo que sienten: inseguridad, miedo, abandono, soledad.

 

Pero los descubrimientos de la neurociencia de finales del siglo XX nos han demostrado que el procesamiento rápido y simplificado del sistema límbico del cerebro es automático, imposible de detener y necesario. No podemos detener las emociones, son la base de nuestro equipaje de supervivencia. Cuando el cerebro percibe a través de los sentidos una amenaza, el sistema límbico activa la alerta y envía la orden automática de actuar. En la mayoría de casos, esto nos salva.

 

Cuando vivíamos en cuevas y nos teníamos que defender de los animales salvajes, la percepción rápida de las señales de alarma y la capacidad de reacción automática nos permitían echar a correr y salvarnos. O bien quedarnos inmóviles y no ser vistos por el animal que se nos podía comer. O bien atacar a quien nos podía hacer daño.

 

Ahora, cuando conducimos tranquilamente por nuestro carril y de repente vemos un coche que nos viene de cara, la rápida reacción del sistema límbico nos permite dar un volantazo y esquivar el peligro. Pero nuestra vida está llena de peligros difusos: que no aprobemos las oposiciones que nos darán la estabilidad laboral que queremos, que la persona que amamos nos rechace, o que perdamos un cliente importante. Aquí también nuestro sistema límbico envía órdenes al sistema motor para movernos y esquivar el peligro; pero las órdenes son inútiles, por mucho que arranquemos a correr, no vamos a aprobar las oposiciones, ni salvaremos la empresa. Si para defendernos de una agresión atacamos a alguien, lo más probable es que acabemos en la cárcel o en el hospital.

 

Las órdenes automáticas de nuestra mente primaria, diseñadas en un largo proceso evolutivo para adaptarnos y sobrevivir, a menudo sirven sólo para cargarnos de contracturas, o provocar ataques de ansiedad y diversos síntomas psicosomáticos. Resolver los peligros que nos impone la complicada vida social, requiere el procesamiento lento de la razón. Y mientras tanto las reacciones rápidas y automáticas continúan produciéndose, ¡este es el reto!

 

Podemos dominar nuestros pensamientos, con entrenamiento, si sabemos cómo. Nuestra capacidad de mantenernos en un estado donde las emociones no se desborden, es decir, en el estado que los científicos llaman «equilibrio neuronal» (arousal), depende de nuestra capacidad de pensar, de la capacidad del sistema cognitivo de dialogar con el sistema límbico.

 

No se trata de no hacer caso de lo que sentimos, de conseguir no sentirlo; si lo has intentado alguna vez, ya sabes que sólo funciona a corto plazo; a la larga, es imposible, la emoción persiste. Se trata de que nuestro lento y complejo procesamiento cognitivo «piense las emociones», les pueda poner nombre y dé las órdenes para emprender las acciones adaptativas, adecuadas a las normas sociales y nuestros condicionantes, que nos aseguren la supervivencia: aprobar las oposiciones u orientar nuestra empresa hacia resultados mejores; en pocas palabras, hacer lo que consideramos adecuado para garantizar la comida, la vivienda, el reconocimiento y el amor que necesitamos para sobrevivir.

 

Cuando nuestro sistema emocional capta que ya nos estamos moviendo para asegurarnos la supervivencia, se calma, así conseguimos el equilibrio (arousal). La psicoterapia, incluidas las constelaciones familiares, y el coaching son herramientas que nos ayudan al diálogo entre el sistema cognitivo y el sistema límbico. Si podemos establecer un diálogo, nuestro estado neuronal estará equilibrado. Si nuestros recursos mentales son insuficientes y las reacciones primarias y rápidas del sistema límbico sobrepasan la capacidad del sistema cognitivo de encontrar lentamente respuestas adecuadas, los dos sistemas entran en conflicto y podemos caer en el extremo de la pasividad, el aburrimiento y la desmotivación, en el otro extremo, el de la inquietud, la excitación y la ansiedad.

 

Un coaching que tiene en cuenta las últimas aportaciones de la neurociencia nos permite conseguir el equilibrio neuronal y una buena adaptación a los retos que nos plantea la vida. Dentro de la formación de Self Coaching, contamos con la aportación del Dr. Xavier Xifró, bioquímico especializado en el funcionamiento neuronal. El próximo 11 de diciembre volveremos a disfrutar, un año más de sus didácticas explicaciones.

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