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La comunicación educativa en tiempos de COVID. Persistir en una relación pedagógica de calidad

La comunicación educativa en tiempos de COVID. Persistir en una relación pedagógica de calidad

En el cielo, y haciendo magia

 

Una maestra entra en una clase de parvulario; encuentra a una compañera haciendo clase y varios alumnos que dan clase, después del confinamiento. Fase 2? Fase 3? Mascarillas, distancias y el desánimo de la compañera, que rezuma por sus poros, aunque la mascarilla le tape la expresión. Las dos maestras hablan, la visitante trata de animar a la compañera. Se ha fijado en un niño que conoce bien, tiene el cuerpo encogido y está extrañamente calmado:

  • » Hola, Oscar! ¿Cómo estás?
  •  Mira, aquí.
  • Sí, aquí; estoy contenta de verte. ¿Qué piensas?
  • Que quiero estar en la fase 40, en el cielo, y haciendo magia «.

 

Me preocupa, que un niño de 5 años piense que quiere estar en el cielo, en vez de viviendo unas clases tan extrañas. Tengo la esperanza de que los adultos de su alrededor le puedan transmitir suficiente seguridad y bienestar como para que nunca haga nada para ir al cielo antes de tiempo. Las consecuencias emocionales del COVID19 afectarán nuestras relaciones sociales y dejarán secuelas en las personas más vulnerables. «Los niños se acostumbran a todo», dicen; cierto, pero cuanto más pequeños, más imborrables serán las huellas de las mascarillas y las distancias impuestas. ¿Qué recursos comunicativos pueden minimizar el desastre?

 

La comunicación no verbal en la relación educativa

 

La comunicación humana es mayoritariamente no verbal. El psicólogo alemán Albert Mehrabian cuantificó en un 93% la comunicación no verbal de una conversación personal, mientras que sólo el 7% se podía atribuir a la verbalidad.

En las conversaciones profesionales, la comunicación verbal tiene más protagonismo que en las personales, ya que se transmiten más contenidos. Pero en las conversaciones educativas, la proporción no verbal de la comunicación es muy alta, ya que el componente emocional de la relación educativa es clave para el éxito de la comunicación. Para educar, hay que inspirar confianza, transmitir afecto y provocar emociones como la alegría, la sorpresa y la curiosidad. Seguro que la comunicación no verbal es más decisiva para el éxito académico en los niños más pequeños, que en los adolescentes de bachillerato, de ciclos profesionales, o estudios universitarios. Pero en todos los niveles, las emociones son importantes. ¿Quién no ha elegido una asignatura simplemente por el profesor o la profesora que la impartía?

 

Todo acto de comunicación tiene un doble aspecto: el contenido y la relación entre los participantes. En la comunicación educativa, la parte que transmite la relación entre alumno y docente es más decisiva para el éxito de la educación, que la parte que transmite los contenidos. Los contenidos pueden ser colgados en la red, en vídeos, en libros de texto, pero un niño o un joven no es un simple «continente», un receptáculo para que entren los «contenidos». La relación educativa se expresa principalmente con la comunicación no verbal. (Ver: «La comunicación más allá de las palabras. Qué comunicamos cuando creemos que no comunicamos«, de Marta Albaladejo, editorial Graó).

 

El «tacto» en la educación

 

La educación es el conjunto de acciones que hacen las personas adultas para que las de la generación siguiente aprendan las conductas y valores que necesitarán para vivir en la sociedad donde crecen. Las personas que educan hacen posible que haya aprendizaje a través de las actividades de las personas a quien se educa. Los profesionales que educan no son simples transmisores de contenidos. La persona que educa un grupo, lo lidera, con su actitud, y con la metodología adecuada, por lo que consigue que las personas del grupo hagan una serie de actividades que generarán aprendizaje, si se dan las condiciones necesarias.

 

Para que se produzca aprendizaje, la neurociencia ha demostrado en multitud de estudios que es necesario que se produzcan nuevas conexiones entre neuronas (plasticidad sináptica). También ha demostrado que cuanto más áreas del cerebro se activen al mismo tiempo, se produce más aprendizaje. Y aún más: el máximo aprendizaje se produce cuando la zona «emocional» del cerebro (por decirlo de manera sencilla) está activa. De modo que una persona que educa es una especie de «interruptor» que pone en marcha de manera adecuada las emociones de quien es educado para que actúe de determinada manera, se activen determinadas redes neuronales y se hagan nuevos contactos entre neuronas.

 

¿Y como lo hace, quien educa, si no es con su comunicación? Con lo que dice (contenido) y sobre todo, con la forma en que lo dice. El pedagogo holandés Max van Manen ha dedicado su investigación a describir en qué consiste una relación pedagógica eficaz. Ha descrito cómo los docentes competentes son «solícitos» y tienen «tacto» pedagógico.

 

Las personas que educan con «tacto» (padres, madres, docentes) han desarrollado la capacidad de mostrar una consideración afectuosa hacia lo singular que hay en cada alumno (o hijo). Tienen una sensibilidad especial, que no deriva de los estudios teóricos que han hecho sobre la educación, sino de su actitud de presencia.

 

La solicitud y el tacto pedagógico descansa en una determinada manera de ver, de escuchar y de reaccionar ante un niño o un adolescente determinado, o ante un grupo. Una manera de mirar con interés, viendo, en cada uno de ellos, un ser humano único y completo, en proceso de crecimiento. La sensibilidad en las relaciones con niños y adolescentes se puede entrenar y mejorar con la práctica. El éxito nunca está asegurado, no se puede prever, no hay una fórmula. No hay dos niños iguales, ni que experimenten una situación de la misma manera.

 

Ideas para conservar el tacto pedagógico en tiempos de distancia y mascarilla

 

Los profesionales que están educando en la situación de pandemia ven las caras de los alumnos tapadas, o no ven su cuerpo porque solamente ven las caras a través de una pantalla, o aún más difícil, como me contaba una amiga profesora de universidad, sólo ven una pantalla negra, porque los medios tecnológicos no permiten conectarse con vídeo. En presencia de los alumnos, muchos docentes llevan una máscara que les tapa la cara. Es necesario un esfuerzo grandísimo para hablar y que la voz se entienda detrás la mascarilla. Pero cuando se trata de que el docente entienda lo que pronuncian sus alumnos con la boca tapada, y de que cuando un alumno hable los compañeros escuchen, la cosa se complica. Algunos adolescentes juegan a engañar al profesor de turno, diciendo cosas que no se sabe quién las dijo. ¡Qué estrés! ¡Qué tarea tan complicada están llevando a cabo estos profesionales!

 

Para los docentes que persisten en ofrecer un trato de calidad en su relación educativa, que quieren continuar mirando a cada alumno como un ser especial, he pensado algunas ideas para compensar la información no verbal que se están perdiendo:

 

– Utilizar más a menudo los nombres de los alumnos. Como en las actuales circunstancias es mucho más difícil reconocerlos, buscar recursos, etiquetas, carteles, para que el nombre esté permanentemente a la vista. No hay música más agradable que la de nuestro nombre.

– Poner palabras a actitudes que de otra manera transmitirían con la expresión de la cara o la entonación de la voz: «va, que sé que lo puedes hacer», «confío en ti», «sé que lo has hecho sin querer «,» te conozco y sé que otras veces lo has conseguido «, etc.

– Aprovechar al máximo los recursos no verbales de la parte del cuerpo que no está tapada: hacer gestos más visibles, pedir a los alumnos gestos más evidentes, y más a menudo. Esto también incluye, cuando se pueda, bailar, hacer música.

– Facilitar con palabras que niños y adolescentes puedan expresar lo que sienten, aunque no entiendan mucho sus palabras o no se vean las expresiones de la cara: «del 0 al 10, ¿cuántas ganas tienes de hacer esto?» «¿Estás más enfadada que triste, o más triste que enfadada?» «¿Estás preocupado o tranquilo?» «¿Cuán preocupado estás, un poco, o mucho?» «¿Quien ha tenido una sorpresa con esto que he dicho?» «¿Cuantas sorpresas has tenido hoy?»

– Inventar símbolos para mostrar las emociones, o usar los emoticonos del móvil, tenerlos a mano y usarlos.

– Tener fotos a la vista de las caras sin tapar de los alumnos. Si el docente lleva la cara tapada, tener una foto de primer plano de su cara en algún lugar, en una presentación de PPT, colgada en una cartulina del cuello, etc.

 

Las personas que en estos momentos difíciles tienen la responsabilidad de educar a la generación del futuro merecen todo nuestro apoyo. Me merecen el máximo respeto y admiración. Están haciendo unos esfuerzos titánicos sin ningún aplauso. Ojalá estas palabras sirvan para dar pistas. ¿Qué opinas? Publica un comentario en el blog.

Comentarios
  • Merce
    3 meses ago

    Soy profesora de danza .Siempre trabajando con niñas i adolescentes cuidando al màximo el lenguaje no verbal i los estilos de enseñanza .Delicadisimo equilibrio cada pequeño movimiento ,cada mirada,cada feedback .
    La enseñanza de la danza ,un privilegio muy poco valorado en nuestro pais .
    Muy interesante articulo !!!

  • silvia lafuente
    3 meses ago

    En qualsevol etapa educativa , en qualsevol àmbit de l’acompanyament a persones en que treballem, cal tenir ben present tot això que llegeixo al teu article. Gràcies Marta, per continuar cuidant la vida.

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