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Objetivo emocional: preservar la sonrisa, a pesar de las mascarillas

¿Al mal tiempo buena cara?

Eso decían nuestras abuelas. No sé si este tiempo que vivimos es “mal tiempo”, ni pienso que ocultar las emociones sea recomendable. pero el curso 2020-2021 es el más especial de todos los que he empezado. Somos en medio de una crisis sanitaria, económica y social diferente de todo el que conocíamos. Las medidas que están tomando las diferentes administraciones son desconcertantes; como no soy economista, ni experta en epidemiología, me centraré en aquello que puedo aportar: el entrenamiento de las emociones.

El 1998, de golpe, tomé conciencia de hasta qué punto las emociones determinan nuestra vida; desde entonces me he dedicado a formarme y a compartir mis aprendizajes sobre educación emocional, psicoterapia coaching. Hace 10 años que ofrezco la formación de Self Coaching, con mi método, el Coaching Sistémico Transaccional, y lo he ofrecido ya  en 15 ediciones. Para el curso 2020-21, he preparado una versión especial del Self Coaching on line, con videoconferencias en tiempo real, donde daremos prioridad a los objetivos emocionales: Preservar la sonrisa? Reforzar los vínculos importantes? Sentir más confianza? Más alegría? Más agradecimiento? Conservar la serenidad en medio de la incertidumbre?

Por qué pienso que “preservar la sonrisa” es un buen objetivo para el curso 2020-21? Te explico a continuación el papel de la sonrisa en la comunicación interpersonal y tú lo decides.

La sonrisa como comunicación no verbal

Qué transmite la sonrisa en la interacción? Si escuchas una conferencia o ves un video de alguien, habitualmente no te fijas si sonríe o no. Pero tu cerebro emocional está captando global e inconscientemente la comunicación no verbal y está detectando, a través de la expresión de su cara, el estado de ánimo de aquella persona. En las presentaciones orales, y en la docencia, la sonrisa transmite alegría y cordialidad: que estamos contentos, o que hay algo divertido, y que la relación con el público, o el alumnado, es buena.

La alegría es una emoción energética; nos motiva para hacer el trabajo, para conseguir los retos que se nos presentan. Cuando estamos contentos tenemos ganas de hacer cosas, nos levantamos por la mañana con la ilusión de las criaturas que van de excursión, charlamos, queremos encontrarnos con gente, cantar y bailar. El rasgo más característico de la alegría, en nuestra expresión, es la sonrisa. Y cuando sonreímos a los demás, la sonrisa se contagia, y transmitimos alegría; cuando pasa, somos líderes emocionales.

Incluso en la comunicación con uno mismo, puedes hacer un experimento: te miras al espejo y sonríes; y notarás como, aunque la sonrisa inicial sea forzada y falsa, aparece como un eco, un acto reflejo, te vienen ganas de sonreír. Este reflejo es automático e inconsciente, no pasa por el cerebro racional. Y el mismo reflejo se te produce cuando ves sonreír a otra persona. ¿No te ha pasado, ir por la calle y cruzarte con alguien que te sonríe sin conocerte? El reflejo automático es devolverle la sonrisa.

Sonreír en un grupo, para conseguir objetivos

En la comunicación de grupo, sonreír transmite alegría y facilita la cohesión del grupo. La alegría es la emoción que más se contagia. Hace tiempo, en la escuela de negocios de la Universidad de Yale ya se demostró que la alegría y la cordialidad de los miembros de un grupo se transmiten más rápidamente que la rabia y la tristeza, ¡por suerte! Seguramente este hecho explica que la persona que se hace la graciosa en una clase o grupo, sea a menudo una persona que tiene mucho liderazgo. La alegría es una emoción que nos hace confiar, al contrario que el miedo, que nos hace desconfiar. La alegría y la confianza son el clima emocional más adecuado para hacer acciones para conseguir objetivos, los propios, y los del grupo.

Las relaciones de uno a uno y la necesidad de reconocimiento

En las interacciones más próximas, también la sonrisa tiene una función precisa: la sonrisa, aparte de expresar la alegría de quien sonríe, transmite aprobación, reconocimiento del otro, es como decir: “Qué alegría de verte!” “Esto que haces me gusta, está bien para conservar nuestra relación”. El reconocimiento (o “caricias positivas”, como dice el análisis transaccional) es una necesidad psicológica fundamental, desde el nacimiento.

Desde muy pequeños, los bebés seleccionan las caras y quieren ir con las personas que más sonríen. Una criatura acabada de nacer enfoca la vista solo a 40cm, la distancia aproximada entre sus ojos y la cara de la madre que le da el pecho, o de la persona que se hace cargo. Los bebés enseguida aprenden a estar pendientes de la cara de quien los cuida; las emociones más importantes para la supervivencia se pueden leer a la cara de las personas con quienes se relacionan: la alegría del reconocimiento, que se ve en la sonrisa, o el miedo por un peligro, que se ve sobre todo en los ojos y en el frente.

Cuando una criatura no puede ver la cara del adulto que está con él, aumenta su nivel de estrés y ansiedad. Edward Tronick, profesor de Harvard, demostró hace 34 años que los niños participan en la interacción social desde muy pequeños, con un experimento que se ha hecho famoso, el de la “cara quieta” (still face). En un primer momento del experimento, la madre se sienta ante el hijo de un año y juega: le hace un saludo y el hijo se lo devuelve; el hijo señala lugares y quiere atraer la atención de la madre, se están coordinando sus emociones e intenciones, como pasa habitualmente.

 

En un segundo momento, la madre deja de reaccionar a las señales del niño, se queda con la “cara quieta”, el niño reacciona, se desespera, procura inútilmente atraer la atención y provocar la reacción de la madre, le grita; solo con dos minutos de “cara quieta”, el hijo se estresa, pierde el tono postural y expresa emociones negativas; la madre tiene que volver enseguida a interactuar y sonreír al hijo, para no causarle un trauma permanente.

Con niños mayores, o con adultos, también interactuar con personas que llevan la cara tapada aumenta el estrés y las reacciones de ansiedad. Tapar la sonrisa y dejar los ojos a la vista hace que la alegría se transmita menos y que, en cambio, el miedo, que se puede ver en los ojos, se contagie más.

La sonrisa con los desconocidos, actos de apaciguamiento

La sonrisa también tiene una función social con los desconocidos. El sociólogo Erving Goffman, estudió los momentos mínimos de la interacción social, describiéndolos en sus detalles más pequeños. Comprobó que cuando dos desconocidos se encuentran y uno entra en el campo visual del otro, hacen gestos como la “sonrisa de apaciguamiento”, lo que él denominaba “pequeños actos de solidaridad”, equivalentes a gestos que hacen otros primates, o por ejemplo los perros cuando huelen a un perro desconocido; en la comunicación animal, estos gestos de apaciguamiento sirven para entrar en el territorio de otro individuo y comunicarle que no se quiere hostilidad. En la comunicación humana, también usamos las sonrisas como un acto de “reparación” de la relación o para transmitir que no somos hostiles. Mirar a un desconocido que lleva solo los ojos al descubierto y la sonrisa tapada provoca un acto reflejo de desconfianza.

El reto de las mascarillas y el objetivo de preservar la sonrisa

En resumen, la sonrisa tiene una importante función en las relación educativa, en cualquier relación, y en la comunicación de grupo. Las mascarillas, tapando la zona de la cara que transmite la sonrisa, afectan directamente la salud emocional de las personas, de los grupos y de la sociedad: se reduce la motivación, se dificulta la cohesión de grupo y aumentan la ansiedad, el estrés y la desconfianza.

Nos encontramos ante un reto colectivo importante. Quizás no tienes poder de decidir sobre las leyes. Pero depende de ti cómo afectarán las mascarillas a tus emociones y a las de las personas próximas. Es un reto. Un programa de Self Coaching es un apoyo para conseguir objetivos emocionales, como el de preservar las sonrisas. Tienes un margen de libertad individual, tienes muchos recursos como: reducir al mínimo las relaciones con mascarilla, usar mascarillas transparentes; potenciar las comunicaciones por pantalla, que permiten ver la cara; encontrar mecanismos alternativos para transmitir alegría y confianza; modelar tu diálogo interno; y sentir más alegría y menos miedo. ¿Qué quieres hacer? ¿Quieres hacer un Self Coaching?

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